

Hay historias empresariales que comienzan con una gran inversión, un apellido conocido o una oportunidad excepcional. Y hay otras que comienzan con algo mucho más elemental: la necesidad de salir adelante. Esta es una de ellas, contada por su protagonista en el programa Contrapregunta con Carlos Naranjo, director de REDEPYMES.
La historia de Jota Enrique Ríos, fundador del Noticiero Económico Antioqueño (NEA), pertenece a esta segunda categoría. Llegó a Medellín a los 14 años, sin conocer prácticamente a nadie, comenzó trabajando como mensajero y terminó convertido en periodista, empresario de medios y maestro de varias generaciones de comunicadores.
Pero quizá lo más interesante de su trayectoria no sea la cantidad de dificultades que enfrentó, sino la manera como respondió a ellas. Una y otra vez, cuando una puerta se cerraba, buscaba otra. Y cuando no encontraba una puerta, intentaba construirla. Esa actitud puede resultar especialmente inspiradora para los jóvenes y emprendedores colombianos.
Empezar desde cero
Jota Enrique Ríos llegó solo a Medellín, recién cumplidos los 14 años. Había pasado por un seminario al que su familia lo había enviado con la idea de que se hiciera sacerdote, pero terminó expulsado. “A mí me echaron de todas partes”, recuerda con humor.
Su primer trabajo fue en una carnicería, donde incluso llegó a dormir sobre un colchón colocado encima de las neveras. Perdió ese empleo después de faltar un día para asistir a una carrera de ciclismo.
Sin trabajo y sin un lugar estable donde vivir, pasó un par de noches en una residencia de Guayaquil hasta encontrar una habitación. Poco después vio un aviso que solicitaba un mensajero con bicicleta.
Había un pequeño problema: no tenía bicicleta. Consiguió una prestada, desinflada y en mal estado, la reparó con un sencillo kit de parches y consiguió el puesto.
Puede parecer una anécdota menor, pero contiene una característica que se repetirá durante toda su vida: cuando no tenía los recursos necesarios, buscaba la manera de conseguirlos o sustituirlos.
El periodista que no había estudiado periodismo
Su entrada al periodismo ocurrió de una manera igualmente accidental. Jota llevaba al periódico El Correo información sobre una carrera clandestina de ciclismo cuando uno de los editores le pidió que escribiera una nota.
Su respuesta fue honesta: no sabía redactar y ni siquiera sabía manejar correctamente una máquina de escribir. El editor vio algo que el propio Jota todavía no había identificado como una ventaja competitiva: conocía el ciclismo desde dentro. No solamente montaba bicicleta; sabía cómo se corría y cómo se ganaba.
Aquella noche, según cuenta, se graduó de periodista sin haber estudiado periodismo. La historia no significa que la formación académica carezca de importancia. Significa algo diferente: el conocimiento también puede construirse desde la experiencia, la curiosidad y la práctica, especialmente cuando existe la disposición para aprender.
Jota convertiría esa capacidad de aprender sobre la marcha en una de las constantes de su carrera.
Cada despido, una nueva oportunidad
Su trayectoria estuvo marcada por varios despidos. Lo echaron de El Correo y de Vea Deportes. En Radio Sucesos RCN de Barranquilla llegó incluso a crear un noticiero reclutando estudiantes de periodismo que todavía no se habían graduado.
Cuando regresó a Medellín, El Colombiano no le abrió las puertas porque no tenía título universitario. Años después terminaría trabajando allí en las Notas Económicas.
Vista desde la perspectiva convencional del éxito profesional, una sucesión de despidos puede parecer una colección de fracasos. En la trayectoria de Jota ocurre algo diferente: cada ruptura lo obligó a reinventarse.
Él mismo llegó a formularlo de una manera que resume buena parte de su filosofía: después de ser despedido de Clarín decidió que necesitaba “inventar algo de donde no lo echaran”.
Y ahí aparece una de las grandes lecciones empresariales de su historia.
Encontrar un mercado que nadie estaba atendiendo
Jota observó el mercado de los medios de comunicación de Antioquia y descubrió algo aparentemente sencillo: había numerosos programas deportivos, pero no existía uno dedicado a la economía.
Había encontrado un nicho. Sin embargo, el problema era considerable: no sabía economía. Su respuesta fue aprender.
Buscó empresarios importantes de la región, entre ellos Fabio Echeverry Correa y Jorge Molina Moreno, y les pidió que le permitieran aprender de sus economistas. Visitó la Bolsa de Medellín para entender qué era una acción y consiguió orientación para construir un sistema que le permitiera seguir las variaciones de los precios.
También buscó a un profesor universitario para aprender a leer un balance financiero. No intentó convertirse de la noche a la mañana en un economista. Identificó lo que no sabía y buscó a quienes podían enseñárselo.
De ese proceso nació el Noticiero Económico Antioqueño, un proyecto que terminaría desarrollándose durante 45 años y formando a numerosas generaciones de periodistas.
La lección para un emprendedor es bastante directa: encontrar una oportunidad de mercado no significa necesariamente saberlo todo sobre ella. A veces significa identificar una necesidad, reconocer las propias carencias y construir rápidamente el conocimiento necesario para atenderla.
La curiosidad como herramienta empresarial
Uno de los episodios más llamativos de su carrera ocurrió durante el terremoto de Nicaragua de finales de los años sesenta. Mientras trabajaba para la agencia española EFE, Managua estaba prácticamente incomunicada. Jota recurrió entonces a otra de sus aficiones: la radioafición.
Consiguió contactar a un radioaficionado nicaragüense que continuaba transmitiendo desde el lugar y obtuvo información directamente desde la zona afectada. Con esos datos produjo crónicas fechadas en Managua, aunque él permanecía en Bogotá.
La historia muestra algo que aparece repetidamente en su trayectoria: la capacidad de conectar conocimientos y recursos que aparentemente pertenecen a mundos distintos.
Periodismo, radioafición, tecnología, contactos y curiosidad terminaron convirtiéndose en una herramienta profesional. Esa capacidad de combinar recursos disponibles es una característica frecuente de quienes emprenden en condiciones de escasez.
También hay que saber cuándo cambiar
La historia de Jota no es únicamente una sucesión de éxitos. También contiene pérdidas, enfermedades y momentos en los que la vida obligó a modificar el rumbo.
Después de que un médico le advirtiera que el estrés crónico podía costarle la vida, decidió junto con su esposa, Graciela, cambiar de ritmo. Sus cinco hijos ya eran adultos y habían construido sus propias familias. Entonces comenzaron a viajar: un gran viaje internacional cada año y otro más corto por Colombia.
Tiempo después llegó un golpe todavía mayor: a Graciela le diagnosticaron cáncer de páncreas.
Jota hizo entonces lo que había hecho durante toda su vida profesional: investigar, preguntar y buscar alternativas. Consiguió una segunda opinión y logró que un especialista evaluara la posibilidad de operar. Finalmente, sin embargo, Graciela pasó sus últimos meses bajo cuidados paliativos.
Esta parte de su historia recuerda que emprender y vivir no consisten únicamente en avanzar. También implica saber adaptarse cuando las circunstancias cambian y aceptar que no todo problema puede resolverse con iniciativa o esfuerzo.
El verdadero legado
Jota Enrique Ríos terminó cerrando el Noticiero Económico Antioqueño después de 45 años, pero su principal legado no es solamente el medio que creó sino las personas que formó.
Su trayectoria muestra que una carrera profesional no siempre sigue una línea recta. Puede comenzar en una carnicería, pasar por una bicicleta, continuar en un periódico, atravesar varios despidos, convertirse en una carrera periodística internacional y terminar creando un medio especializado que durante décadas tuvo un espacio propio en Antioquia.
Para un joven que comienza hoy, la historia ofrece una idea particularmente relevante: no siempre es posible elegir las circunstancias en las que se comienza, pero sí existe un margen para decidir qué hacer con ellas.
Jota no comenzó con una empresa, una profesión definida ni una red de contactos. Comenzó con la necesidad de trabajar. Lo que vino después fue producto de una combinación de curiosidad, aprendizaje, persistencia y capacidad para detectar oportunidades.
Tal vez por eso su historia puede resumirse mejor no como la de un hombre que nunca fracasó, sino como la de alguien que aprendió a convertir los fracasos, los despidos y las dificultades en el comienzo de la siguiente etapa. Y esa puede ser una de las lecciones más útiles para cualquier joven que esté intentando abrirse camino en Colombia: cuando una puerta se cierra, no siempre significa que el camino terminó. A veces significa que ha llegado el momento de construir otra.
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